• Separación máxima de 12 cm entre barrotes. Por encima de ahí cabe un cuerpo delgado y deja de ser una protección seria. Si hay niños en casa, bajamos a 10 cm por el mismo criterio de esfera que se aplica en barandillas.
  • Anclaje químico, no tacos de expansión. En ladrillo hueco, termoarcilla o muros antiguos, el taco de expansión no agarra: gira y sale. Usamos resina con varilla roscada y tiempo de curado real, que es lo que convierte el anclaje en parte del muro.
  • Anclajes ocultos o con tornillería inviolable. Un tornillo accesible desde fuera se desmonta en dos minutos con una llave. Los nuestros van embutidos, recrecidos o con cabeza que no admite herramienta estándar.
  • Bastidor perimetral siempre que el hueco lo permita. Reparte el esfuerzo entre los cuatro lados. Es la diferencia técnica entre "reja" y "barrotes", y se nota exactamente el día que alguien mete una pata de cabra.
  • Vía de evacuación libre. Si la ventana es la única salida alternativa de un dormitorio o de un local, la reja tiene que ser abatible y abrirse desde dentro sin llave o con llave siempre accesible. Una reja fija en ese hueco es un riesgo, no una mejora.
  • Soldadura continua y repasada. Cordón continuo en las uniones del bastidor, no puntos sueltos, y repaso antes de pintar para que no queden aristas ni poros donde arranque el óxido.

Si la reja es para una comunidad de propietarios, un local de pública concurrencia o va ligada a una póliza de seguro con requisitos concretos, dínoslo al pedir presupuesto: cambia el dimensionado y conviene dejarlo por escrito desde el principio.